Actuando y… divagando

Un grupo de niños y niñas participan como peque-voluntarios en la “Gran Limpieza Nacional de Fondos Marinos” organizada por la Red de Vigilantes del Medio Marino.

En solo unas horas, esta red de voluntarios ha sacado más de cuatro toneladas de residuos del agua sin necesidad de sumergirse demasiado, ya que la mayor parte de esta gran cantidad de basura se encontraba a pocos metros de la orilla.

Los peque voluntarios, como son “peques” y aún no pueden bucear, han dedicado sus esfuerzos en recoger residuos de la arena. Abundaban las colillas y todo tipo de plásticos.

El responsable de esta Red, señalaba que “los resultados han superado todas las expectativas, pero el sentimiento es agridulce. El estado en el que se encuentra el litoral es lamentable, especialmente después del periodo estival pero, por otro lado, tanto la numerosa participación como el grado de implicación de los voluntarios no tienen precedentes en actuaciones de este tipo. Además muchos de ellos han venido con sus hijos, de modo que, a partir de ahora, contamos con peque-voluntarios en nuestra red… y esto sí que es garantía de futuro”.

DIVAGANDO…

Hace unos años, bastantes ya, cuando hacíamos reportajes para un programa de la tele relacionado con la educación, grabamos en varias ocasiones a adolescentes (y preadolescentes) que dedicaban una o dos tardes por semana a colaborar con asociaciones sin ánimo de lucro. Las tareas eran muy variadas y estos jóvenes voluntarios las escogían en función de su carácter, valores e inquietudes. Desde merendar un par de veces por semana con ancianos hartos de soledad o jugar con pequeños pacientes en hospitales, hasta ayudar con ejercicios de estimulación en piscina a niños con parálisis cerebral. Había otros que preferían los temas ambientales o los relacionados con los animales como, por ejemplo, buscarles un hogar a los perros abandonados.

Sólo era necesario un rato con ellos para detectar que tenían algo diferente, algo especial, parecían estar “más llenos” y mostraban un punto de madurez que contrastaba con los perfiles de otros jóvenes a los que entrevistábamos cada día en colegios e institutos. Esta percepción era compartida por todo nuestro equipo. Lo único en lo que no nos poníamos de acuerdo, era en si este tipo de chavales se dedican al voluntariado porque son solidarios per se, o si este tipo de actividades los van haciendo solidarios por el camino. Puede que un poco de todo. Yo estoy convencida de que nuestros hijos, por naturaleza vienen cargados de generosidad, de tolerancia y de empatía, sólo tenemos que asegurarnos de que dedican parte de su tiempo libre a actividades que no los adormezcan, sino que les estimulen estas cualidades que ya les vienen “dadas de fábrica”.

Desde entonces tuve claro que si algún día tenía hijos, intentaría implicarlos desde bien pequeños en labores solidarias. Me da igual del tipo que sean, me valen todas porque todas trabajan los valores de forma transversal; fomentan la responsabilidad, el sentido del compromiso y la justicia, incrementan la sensibilidad, enseñan a trabajar en equipo, a desarrollar un espíritu crítico y a entender que hay muchas realidades y que hay muchas personas diferentes, pero que todas valen lo mismo. Los chavales implicados desde pequeños, además, suelen entender el voluntariado no como un acto de caridad, sino como una forma necesaria de contribuir a cimentar una sociedad mejor.

 Y es que al final, los padres constantemente buscamos recetas que nos garanticen hijos generosos, responsables y felices… pues aquí va una que no falla: compromete a tu hijo de forma activa con su entorno y verás que poco a poco va descubriendo cómo sus acciones ayudan a cambiar y a mejorar la vida de otras personas, de los animales o del planeta entero… y lo más importante, aprenderá desde pequeño lo que muchos nunca llegan a entender, y es que cuando mejoramos lo que nos rodea, mejoramos, sin duda, nuestras propias vidas.

1 Respuesta

  1. Me parece muy acertada la “divagación”.
    Magnífico artículo y muy a tener en cuenta en la educación de nuestros pequeños.

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